Recuperan históricos surtidores de combustible de la empresa Plácido Martínez Sobrado
Fueron adquiridos a una chatarrería por un sampedrino que desarrolla un particular tipo de coleccionismo. Serán restaurados a nuevo.
Alejandro Bianchini es un comerciante sampedrino que suele participar de las actividades del Museo Paleontológico, cuando de recuperar historia se trata. Apasionado por resguardar la historia reciente de nuestro partido, ha participado en la recuperación de objetos de Ferrocarriles Depietri y otras temáticas impulsadas desde el museo.
Paralelamente a sus ocupaciones particulares, Bianchini se ha ido sumergiendo de lleno en una rama del coleccionismo para nada frecuente: la petromobilia. Aquellos que desarrollan esta actividad, intentan resguardar todo lo relacionado a la historia de los combustibles y las tecnologías desarrolladas para obtenerlos.
En este caso, Bianchini se enteró a través del Sr. Diego Melgar, propietario de una venta de metales en nuestra ciudad, de la existencia de dos antiguos surtidores que habían pertenecido a la Empresa Plácido Martínez Sobrado, décadas atrás. Inmediatamente pensó que debía resguardar ese pedacito de historia y decidió sumarlos a su colección de petromobilia.
Ambos surtidores son de la marca S.A.M.Y.A. Avery Hardoll, siendo el más antiguo, de finales de la década del `20, principios del `30. El otro, algo más moderno, corresponde a un modelo de la década del `40.
La intención de Bianchini es restaurarlos a nuevos y conservarlos como testimonios de viejas tecnologías vinculadas a la actividad en nuestra ciudad.
Los surtidores fueron utilizados en diferentes sectores de la empresa. Pero uno en particular, estuvo afectado al expendio de kerosene en el local que funcionaba en calle Pellegrini y Las Heras, donde los sampedrinos de la época se proveían de ese combustible para calefaccionar sus hogares. Algunos todavía conservan en su memoria las largas colas de gente con sus damajuanas o bidones, esperando ser atendida para llevar un poco del preciado líquido.
Aunque hoy tal vez suene curioso, aquellos largos ratos en la fila, llegaron a ser momentos “sociales” donde uno se encontraba con conocidos y comenzaban animadas charlas durante la espera.
