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A 36 años del tornado que dejó una huella imborrable en la historia de San Pedro

Este martes se cumplen 36 años de uno de los episodios meteorológicos más devastadores que recuerde San Pedro. La noche del 3 de noviembre de 1990, un tornado acompañado por vientos huracanados, lluvias intensas y piedras de gran tamaño golpeó la ciudad y la zona rural, provocando destrozos en viviendas, edificios, vehículos, instalaciones y plantaciones. Más de tres décadas después, quienes vivieron aquella jornada todavía conservan recuerdos de una noche que marcó un antes y un después.

Todo había comenzado con una jornada de calor intenso, impropia para esa época del año. Hacia el anochecer, el cielo comenzó a cambiar y el temporal avanzó sobre la ciudad con una violencia inesperada. Las piedras de granizo, algunas de las cuales superaron el kilogramo de peso, golpeaban techos, persianas y vehículos, mientras las ráfagas de viento arrancaban chapas, derribaban árboles, antenas y estructuras.

En pocos minutos, el paisaje urbano quedó irreconocible. El barrio Futuro fue uno de los sectores más castigados, con viviendas que perdieron sus techos y estructuras seriamente dañadas. Los automóviles quedaron abollados, numerosos vidrios estallaron y las calles se llenaron de ramas, cables y postes caídos. También hubo importantes daños en edificios públicos, el Hospital, el Centro de Salud Mateo Sbert y distintos comercios. La pileta climatizada del Club Los Andes, que había sido inaugurada pocos meses antes, perdió su techo como consecuencia de la fuerza del temporal.

La tormenta también golpeó con dureza a la zona rural. Los montes frutales, las plantaciones de duraznos, los cultivos y los viveros sufrieron pérdidas considerables en una época clave para la producción. Las consecuencias económicas fueron profundas y, según los testimonios recuperados años después, alrededor de 5.000 trabajadores quedaron sin empleo como consecuencia de los daños ocasionados en la actividad productiva.

La ciudad quedó a oscuras, con las comunicaciones y los servicios afectados. Durante las horas posteriores fue necesario desplegar tareas de asistencia, reparación y reconstrucción para recuperar los sectores más perjudicados. San Pedro fue declarado zona de desastre y comenzó un largo proceso para reparar los daños materiales que había dejado el fenómeno.

Con el paso de los años, las imágenes y los relatos de aquella noche siguieron apareciendo cada vez que se acerca el aniversario. Algunos vecinos todavía conservan persianas perforadas por el granizo, vehículos con marcas de aquella pedrada o recuerdos de las casas que quedaron a cielo abierto. Otros evocan el miedo de haber tenido que refugiarse debajo de una mesa o de una cama junto a sus hijos, mientras afuera el viento y las piedras parecían no dar tregua.

No fue solamente una tormenta. Para toda una generación de sampedrinos, aquella noche quedó asociada al miedo, la incertidumbre y la solidaridad que surgió después de la tragedia. A 36 años, el tornado del 3 de noviembre de 1990 permanece como uno de los acontecimientos más impactantes de la historia local, una experiencia colectiva que todavía forma parte de la memoria de la ciudad.

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