«Una película de vaqueros importados en la Ciudad»

Soy brasileño, nací en septiembre, en Río de Janeiro y aunque me gusta bailar, nunca me imaginé que iba a terminar viviendo en Buenos Aires, en pareja con una chica eslovaca y bailando country.

Todo empezó hace casi dos años, en el Festival de Música Country de San Pedro. Yo ya vivía en Buenos Aires hacía un año. Había venido para aprender castellano y conocí este tipo de música por casualidad. Me gustó tanto que me dio curiosidad y viajé a San Pedro. Quedé muy sorprendido cuando vi a toda la gente vestida con sus sombreros, las botas texanas y el pañuelo al cuello. ¡Parecía una película del Lejano Oeste! Me gustó muchísimo y puedo asegurar que nadie en Brasil se imagina que esto pasa todos los años acá.

Fue durante el show de la banda Max Country Music que vi a mi futura novia. Estaba cerca, una rubia preciosa, blanquísima, vestida de vaquerita. Me robó el corazón. Me enteré que se llamaba Lubka, era eslovaca y había venido, al igual que yo, a aprender castellano y a conocer esta parte del mundo junto con unas amigas. Conversamos un montón ese día pero no quedamos en nada. Solamente me dejó un teléfono.

Cuando volvía de San Pedro, apasionado por el country y por la imagen de Lubka, me anoté en el Line Dance Club, la escuela de baile en línea, el lugar adonde la gente de Max enseña a bailar country. La primera clase, en Florida, casi me desmayo cuando la vi. Ninguno de los dos sabía que el otro también estaría en esa clase. Lubka me llevaba unas semanas de ventaja en el aprendizaje y ya sabía algunos pasos. Yo era un desastre, pero estaba tan feliz de verla que casi ni escuchaba la música. Nuestra profesora, la cantante Angeles Fernández Madero, nos llamaba la atención a cada rato. Y desde aquellas clases, a las que todavía vamos (ya somos muy buenos bailarines pero la mejor es Lubka, claro), estamos juntos. Ya nos aprendimos las letras de algunos clásicos de Creedence, por supuesto. Y hasta somos capaces de cantar algunos temas de Alan Jackson, o Brad Pasley, íconos del country actual.

Hace casi un año y medio que vivimos juntos en La Lucila, partido de Vicente López. Trabajamos en el Centro pero vivimos en zona norte. Nos gustan los contrastes de los dos paisajes. Los fines de semana nos escapamos al Tigre. Lubka prefiere de Buenos Aires el invierno, porque le recuerda a su país. Y yo, por supuesto, me quedo con el verano.

En Brasil yo trabajaba en una productora de cine y Lubka, en su país, era camarera. Ahora trabajo en una empresa de franquicias y además doy clases de portugués. Lubka hace traducciones y tiene un gran vínculo con la comunidad eslovaca, que siempre hace reuniones y eventos a los que nunca faltamos. Y una vez al año nos vamos a Brasil para visitar a mi familia. Pero ya estamos seguros de que nos queremos quedar a vivir acá en Buenos Aires para siempre y juntos.

Nos gusta disfrutar el río cerca de casa, los pubs del Centro, la gente, los fines de semana al aire libre, la vida cultural que tiene esta Ciudad y la calle Corrientes con sus teatros. Nuestro sueño es conocer todo el país. Ya recorrimos la Patagonia y nos dejó fascinados. Ahora queremos conocer el Norte.

Este ya es nuestro lugar y el country, nuestra música porque nos unió pese a ser tan distintos. Y eso que ninguno de los dos LA traía en su pasado, ni de nuestros países, ni de nuestras familia. Fue la magia de Buenos Aires y del Line Dance Club argentino.

Y pienso, también, que Buenos Aires es una ciudad que le sigue dando grandes oportunidades a todas las comunidades de compartir su cultura y sus costumbres. ¿Quién se hubiera imaginado que un cowboy brasileño podía ser pareja de una vaquera eslovaca, en pleno Buenos Aires? Bailando se conoce gente y quién te dice (yo, por ejemplo), al amor de tu vida.

Fuente: Clarín.

 

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