Técnicos y productores realizaron un intercambio en el INTA

El intercambio de información y la mirada puesta en el consumidor fueron los dos grandes aprendizajes que dejó la jornada anual de Cambio Rural, que el INTA San Pedro organiza desde hace cuatro años. La posibilidad del encuentro, el orgullo por lo que producimos y el acompañamiento del INTA fueron las claves de la conexión.

Como cada año, la agencia de extensión de San Pedro organiza una reunión donde todos los productores y asesores que trabajan en el marco de Cambio Rural pueden encontrarse y abordar un tema, con la posibilidad de compartir que pasa más allá de su grupo, a pares en otros sistemas productivos. Productores de 14 grupos (actuales y en formación) de turismo rural, apicultures, fruticultores, criadores de porcinos, y viveristas, llenaron el salón de usos múltiples de la Estación Experimental Agropecuaria San Pedro, ubicada sobre la ruta 9.

Allí llegaron con algunos de sus productos, que al final fueron intercambiados entre los participantes, y otros sorteados. Plantas de todo tipo, conservas y dulces, queso, mieles, un lechón y estadías en emprendimientos de turismo rural, fueron los “souvernirs” del final del encuentro.

 

Conocer juntos

El primer espacio estuvo a cargo de dos profesionales de la Universidad Integrada Balcarce (INTA y Universidad Nacional de Mar del Plata), Liliana Iriarte y Rocío Ceverio. Ellas pusieron el foco en la importancia de la información como eje para llevar adelante una comercialización exitosa. Algunas de las recomendaciones fueron fijar la mirada en cuestiones tales dónde estamos quienes venden y dónde quiénes compran, cuál es la tendencia de la demanda, o registrar las experiencias de contacto con los consumidores.

Se trata de “poner en valor la información”, explicó una de las disertantes, destacando como central la posibilidad que los productores que trabajan en Cambio Rural tienen de encontrarse periódicamente y compartir esto que les pasa para tener mejores herramientas que hagan más fructífera su tarea.

“¿Es posible eliminar al intermediario?” fue una de las preguntas provocadoras que desataron la discusión entre los presentes. Según las docentes esta es una de las fantasías permanentes, y hay claros ejemplos de puesta en funcionamiento de esta idea. Los kioscos o las ferias son una manera de hacerlo, lo que es necesario saber cuando se decide esta opción, que es necesario incluir nuevas funciones, justamente las que cumplen los intermediarios.

Para cerrar el primer tramo del encuentro, un espacio de trabajo en grupo para enumerar los principales problemas de comercialización que encontraba cada grupo. Allí se enumeraron cuestiones de mercado formal e informal, de constitución de precio, de modalidades de comercialización (cómo se acuerda y términos de intercambio), cantidades y volumen. En esa instancia no apareció el financiamiento, que si se manifestó sobre la exposición en plenario de los grupos. Otro grupo, además, propuso algunas soluciones como la comunicación con la demanda y la posibilidad de formar alianzas.

 

Agregar valor

La tarde estuvo a cargo de José María Aulicino, de la Universidad de Lomas de Zamora y especialista en agronegocios. Centró su exposición en el consumidor como eje para pensar en la comercialización. Así destacó la importancia de conocer las tendencias, el rol de cada actor en la comercialización (productores, mercados o transformación, intermediarios y consumidor), y explicó el valor agregado como aquello que existe en tanto y cuanto un comprador lo reconozca y esté dispuesto a pagar por ello.

“El valor agregado es el diferencial incremental de la suma de los valores tangibles e intangibles del alimento o servicio, generados durante las sucesivas etapas de su producción, transformación y distribución; los cuales son percibidos y apreciados por el consumidor final, de una forma tal que genere una disposición a pagar por su obtención; o bien que permita el acceso al mercado”, explicó el profesional.

“Si aumento el precio de algo que no es percibido por el otro, lo que agrego son costos para el consumidor que no pagará”, concluyó Aulicino. Y desde esta perspectiva, “es más fácil cambiar nosotros que a 40 millones de consumidores”.

En ese sentido, reconoció que hay cuatro formas de agregado de valor que están bastante desarrolladas (el lugar, para la distribución; el tiempo, y la tendencia de la disponibilidad ya; la posesión, en el proceso de compra; y la forma, en la cuestión de la transformación). No obstante, hay dos ejes para trabajar que pueden agregar valor como son la creación del capital simbólico y la certificación.

 

Una idea para trabajar

El encuentro finalizó con una lluvia de ideas que los productores manifestaron para trabajar para el año próximo. Se trató de pensar en cada caso qué es lo que les gustaría implementar para mejorar su trabajo. Será cuestión de ver cómo esto se pone en práctica y para eso el trabajo con el INTA y los asesores, será una tarea continua, como hasta ahora. Además, con la reciente incorporación de la unidad de apoyo a las iniciativas locales (UNIR) que tiene el INTA, se está trabajando para apoyar y acompañar a los técnicos de los territorios para facilitar a los productores el acceso a mercados, financiamiento y mejorar las estrategias de diferenciación de sus productos.

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