Silvio Velo: “En Boca me sentí humillado, ojalá pueda hablar con Riquelme”

Capitán de la selección argentina de fútbol sala para ciegos (Los Murciélagos) desde el primer partido, allá por 1991, bicampeón mundial, triple medallista olímpico y elegido ocho veces como el mejor jugador del mundo, entre otras distinciones, Silvio Velo es sinónimo del fútbol para no videntes. Desarrolló gran parte de su carrera en River (“fue en el club que más disfruté”, dice) y, desde hace 3 años, recaló en Boca, con el objetivo de cumplir un sueño. “Soy fanático, bostero mal, pero fue donde peor me sentí”, lanza, a modo de título, en diálogo con Ovación24.

-¿Por qué?

-Estoy resentido, movido, me sentí humillado. En Boca hablan de la inclusión, pero no cumplen. Lo digo por la gestión anterior, ojalá esta dirigencia cambie la tendencia. Espero que sí. Dicen que vinieron para sumar, para no sacar disciplinas. Quiero que sea un deporte más dentro del club. La gestión de Angelici me abrió las puertas, pero a medias, siempre hubo una traba para crecer. Ojalá pueda hablar con Román Riquelme, que además es mi ídolo, y todo cambie. Entiendo que ahora estamos viviendo una situación especial por la pandemia, pero, cuando todo acabe, sueño con hacer grande a Boca en el fútbol sala para ciegos. Yo soy el coordinador, el nexo con Fadec (Federación Argentina de Deportes para Ciegos).

-Definí a grandes rasgos la liga local de Futbol Sala para Ciegos.

-La jugamos más de 20 equipos. De Primera están River, Boca, Estudiantes y Huracán, el resto son instituciones o municipios. Nosotros terminamos 5tos el año anterior, pero, a esta altura, no se si vamos a poder jugar el próximo campeonato. El futuro es muy incierto. Entrenamos vía zoom, con el profe, que es un fenómeno, pero extrañamos la pelota, que es lo mágico de todo esto.

Velo y el resto de los jugadores de Boca cobran un viático (aproximadamente 5000 pesos), que les alcanza para la inscripción, los traslados y no mucho más. Silvio, como estrella de este deporte, tiene otros ingresos. Becas del ENARD y de la Secretaría de Deporte, sponsors, charlas motivacionales y alguna publicidad suman para mantener una familia numerosa: su mujer, Claudia, 7 hijos y 2 nietos. “Todos son videntes. Mi hija más grande tiene 24 y las pequeñas, que son mellizas, apenas 3 años. Fueron un regalo de Dios, no las esperábamos, pero estamos muy felices con ellas”, cuenta Silvio, que agrega, que una de sus nietas tiene 4 años y es mayor que dos de sus tías…”

Vive en San Pedro, donde no se registran casos de coronavirus. “Nací pobre, ciego, pero siempre tuve sueños. Eso es lo que transmito en mis charlas. La experiencia de vida, el ánimo de superación. Yo siempre quise jugar al fútbol. Lo hacía de chico con mis hermanos y amigos que veían. Después descubrí el cascabel y no paré. No hay que detenerse ante un obstáculo, ante una barrera. Soñaba con ponerme la camiseta de la selección…y hace 29 años que no me la saco”, relata y emociona Velo, que tiene 48 años.

-El próximo objetivo es Tokio y después, ¿el retiro?

-El retiro está asumido, pero no se si será después de Tokio. Me gusta mirar la próximo zanahoria y quiero la medalla dorada en un Juego Olímpico, que es la que me falta. Para mí, a los casi 50 años, es un anhelo jugar en los Murciélagos y no ser el entrenador…Creo que en lo personal y en lo grupal nos conviene el atraso de los Juegos para el año próximo. Vamos a llegar con mejor preparación, con menos golpes, porque no habrá mucha actividad en la previa debido a la pandemia. Iremos a pelear por el título olímpico con Brasil, España, China y Japón, que son los otros candidatos.

Mientras el coronavirus sigue mandando en el día a día, Silvio encontró otro objetivo. “Esta semana empiezo un curso de Tecnicatura en Ciencias del Deporte. Lo haré online, lo dicta la Fundación Austral y será cumplir con una materia pendiente. Estudié la primaria, la secundaria, pero después me dediqué al fútbol. Será un agregado para mí futuro, ya sea entrenador o dirigente”, proyecta Velo.

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