«La Inocencia», uno de los diez mejores libros de poesía de 2010

La Asociación de Editores de Poesía de España emitió un comunicado sobre la lista de libros recomendados de poesía, publicados en el año 2010.

Entre los mismos figura el del pequeño escritor argentino Juan Cruz Bordoy, de tan sólo 10 años de edad. Los libros distinguidos con tal mérito, son los siguientes:

Ana Frank no puede ver la luz, de Pablo Méndez
Ana Frank no puede ver la luna está dividido en tres partes. Confirmando a Ana Frank como el gran símbolo de amor a la vida y a la literatura con un final de tragedia, Pablo Méndez ha escrito su libro más hondo y emocionante. Literatura y ausencias en cada página, amor por todo y dolor al mismo tiempo en una poesía que siempre sabe describir la auténtica debilidad del ser humano.
La inocencia, de Juan Cruz Bordoy
La publicación en 2008 del libro, Espejos de la noche, supuso cierta conmoción en el mundo de la poesía, un niño de ocho años había escrito un libro de poesía maduro, brillante, sutil, y sugerente como muy pocas obras. Juan Cruz Bordoy nació en Buenos Aires en 2000 y estudia en un colegio de su ciudad natal.
La publicación, ahora, dos años más tarde, de La inocencia, vuelve a demostrar como la poesía es un arte sin barreras, que roza la magia y con una enorme capacidad de sorprender. Juan Cruz Bordoy, que no supera todavía los once años ha escrito un libro valiente y reflexivo, donde no olvida su condición infantil pero hace una poesía llena de imaginación y de una extrañísima y esperanzadora madurez.
Intemperie, de Joan Margarit
Bilingüe Castellano/Catalán
Margarit encuentra con mayor facilidad una voz de gran emotividad, siempre rítmica, que emociona al lector por su humanidad y lucidez.
Intemperie recoge la producción más sobresaliente de Margarit. Se trata de una excelente oportunidad de comprobar la evolución de un poeta cuidadoso, certero, siempre sincero en todas sus dimensiones. Margarit, que ganó el premio Nacional en 2008 por Casa de Misericordia y el de la Crítica en 1984, tiene ya la voz de los poetas que serán clásicos porque consiguen conectar con el gran público a la vez que aportar novedades a la literatura.
El minuto interior, de Rubén Martín
Nacido en Albacete en 1980, Rubén Martín ya sorprendió el año pasado con la publicación de su primer libro, Contemplación. Si dicha obra sirvió para crear expectativas y esperanzas en Rubén Martín ahora se han visto corroboradas y ampliadas al lee.
Mientras viva el doliente, de Antonio Daganzo
Ya en su anterior libro, Que en limpidez se encuentre, Antonio Daganzo (Madrid, 1976) dio muestras de saber construir cuidadosamente su poesía, mimar el ritmo y encontrar esa sombra musical de la que debe nutrirse cada poema. Ahora publica, Mientras viva el doliente, y se acerca a una voz que alcanza madurez y rebusca en las sombras más precipitadas, tenebrosas y fieles de la infancia.
Nombres del árbol, de Antonio Moreno
Nombres del árbol, mantiene esa luz interior de los caminos, de los lugares sagrados, pero quizá hace su acento aún mayor en un claro misticismo que nos recuerda el lugar verdadero del hombre frente a la naturaleza y las cosas que le rodean. Nombres del árbol es otro paso más en un camino forjado por Antonio Moreno, siempre en la humildad de quien siente la poesía como una inmensa llamada interior.
Hojas de Madrid con La Galerna, de Blas de Otero
Y en efecto, Hojas de Madrid con La Galerna es un testimonio poético irremplazable, en sus páginas nos encontramos a un Blas de Otero que evoluciona tristemente hasta el final de sus días y que no olvida, en ningún caso, esa fuerza, ese ímpetu, esa seguridad, esa clarividencia que ya le hizo uno de los mejores poetas del siglo veinte en sus libros anteriores.

Un mundo blanco, de Luis Alberto de Cuenca
Resume algunos de sus viejos temas y renueva algunas parcelas poco interpretadas en su anterior poesía como el mundo de los sueños o los sistemas métricos japoneses. Poeta hecho siempre a la ironía, su claridad, su sentido del ritmo y ese mundo tan particular y tan moderno le hacen ser un exponente único de la poesía actual.
Otridades: lámpara de los encuentros, de Rei Berroa, su obra poética está siendo cada vez más admirada y leída.
Por eso mismo es una suerte que haya sido editado en nuestro país su última obra, Otridades: lámpara de los encuentros, en una exquisita edición de la Fundación Sinsonte, que ofrece al público español un poeta exuberante e imaginativo, de gran recorrido y exactitud, que recorre las oscuridades de la ciudad y del ser humano como en un tren luminoso.
Cruje, de Leonardo David Segado
Pocos primeros libros de poesía tienen la intensidad, el brillo y la densidad humana de Cruje, una obra donde se cuestiona el ser humano, encerrado, casi acribillado por una sociedad que parece idiotizada y tremenda en sus decisiones. Poesía escrita desde la certeza del conocimiento pero también desde el brillo más drástico de la soledad y el desasosiego. Un poeta que busca llamar a las cosas por su nombre y no tiene miedo al desencuentro con uno mismo.


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