Karina y Daniel mantienen viva la tradición viverista en San Pedro, pero la falta de personal les pone un techo: “Tuvimos que achicar 50% la producción a campo”

Karina Kisling, quien maneja el vivero Dany junto a su esposo Daniel en nuestra ciudad, San Pedro, brindó una entrevista a la página «Bichos de Campo» (https://bichosdecampo.com). donde contó sobre la actividad que se desarrollan en el “vivero productor”, es decir, producen plantas para que sean adquiridas por negocios minoristas que las venden al público. Su esposo arrancó desde muy pequeño en el oficio, el cual fue heredado por su abuelo.

“A Dany no le gusta la cámara, por eso hablo yo. A él le gusta el campo y la producción de plantas”, contó Karina Kisling en diálogo con Bichos de Campo. Karina también viene de familia arraigada en el campo y, en efecto, sabe hacer plantines, aunque desde que ella llegó a su vida en 2005, decidieron repartir las tareas en el trabajo y ser él quien produce y ella quien maneja la parte administrativa.

Mirá la entrevista completa a Karina Kisling:

¿Por qué San Pedro tiene tanta tradición en viveros? ¿Es cultura o aptitud agronómica? “Es un poco de las dos cosas”, reconoció Kisling, quien explicó que la mayoría de los viveristas son mallorquines, es decir, provienen de la zona española de Palma de Mallorca y ellos tienen esa tradición arraigada a su cultura. En cambio, yendo hacia la zona de Merlo, la actividad es realizada por descendientes de italianos y en la zona de Escobar la tradición es fundamentalmente japonesa.

“En mi apreciación creo que a los inmigrantes les rompe la cabeza ver tanta extensión de campo en la Argentina. He podido viajar a Europa y noté que es un continente tan pequeño, y en cambio si ellos vienen para acá ven todo tan extenso que creo que se enamoran de la tierra y empiezan a cultivar. Acá en San Pedro empezaron a cultivar los cítricos y los duraznos, y así se fueron introduciendo luego los arbustos, las coníferas y árboles de sombras, pero el puntapié inicial fueron los frutales en San Pedro”, manifestó.

Kisling admitió que no todo es color de rosa. “Este año decidimos hacer menos producción, pero no porque no se venda o por nuestros clientes, al contrario, ellos nos ayudan a seguir, sino por la pérdida de la cultura de trabajo que hay en el lugar”.

“Nos cuesta conseguir gente para venir a trabajar, no les gusta, no se comprometen y esta es una actividad a la que hay que tomarle amor. No conseguimos injertadores, así como en los montes frutales no consiguen podadores. Son actividades que se llevaron de tradición en tradición y que la gente joven hoy no quiere aprender. Tenemos gente grande que ya está cansada y que no puede absorber a tantos viveristas; nos faltan jóvenes que quieran hacer esas tareas manuales”, remarcó Kisling.

A su vez, hay actividades clave en el establecimiento, tales como la extracción de árboles, lo cual se hace a pala y por ende requiere de personas con cierta aptitud física; no todas las tareas de un vivero pueden tecnificarse. “Yo no puedo poner una maquina que me seleccione cuál planta está lista y cuál no, o una que me limpie los yuyos de otro sector. No podemos integrar al personal nuevo con gente joven porque, al menos este tipo de trabajo, no les interesa. Aunque vamos a seguir, tuvimos que achicar en un 50% nuestra producción a campo, y esta merma recién se verá en 2023”, advirtió.

El año pasado fue excelente para Karina y Dany y vendieron toda su producción debido a que, en el marco de la pandemia, muchos productores regresaron a los campos y comenzaron a revalorizar el cuidado del paisaje rural; lo mismo ocurrió con aquellos que residen en casas con jardines. Si bien este año también viene bien en venta, tuvieron problemas en conseguir reposición de personal por ausencias o licencias. “Ese es hoy el techo para nuestro crecimiento”, resaltó.

La producción se hace sobre un predio de 5,0 hectáreas, donde producen en contenedores o macetas, pero además cuentan con otras 60 hectáreas donde cultivan especies arbóreas a campo. “Nuestro fuerte son los arbustos y ornamentales y, en menor proporción, los rosales y frutales. Cada variedad tiene su ciclo y etapa y hay que respetarla. Como dicen los agrónomos, se requiere de una receta para cada especie”.

En el vivero Dany hacen hasta sus propios sustratos porque eso les permitió encontrar algunas soluciones a problemas surgidos como el pH complicado del agua en la zona. “Lo que logramos fue regular el pH (acidez) a través del sustrato; estudiamos el tema y copiamos determinados ingredientes para hacerlo”.

Se trata también de abaratar los costos todo lo que se pueda. Es así como traen corteza de Papel Prensa a partir del desecho que se usa en esa fábrica o resaca de Entre Ríos, la cual les resulta muy buena para el sustrato de propia producción.

¿Cuál es la clientela de Vivero Dany? “Tenemos muchos clientes en el conurbano bonaerense, en Santa Fe, en La Pampa, en Córdoba y Mendoza. Hasta en Salta tenemos clientes. Esto es como un mundillo en donde nos conocemos todos y los clientes se vuelven como amigos. Ya en diciembre vienen, miran la producción o nos van llamando para saber qué habrá, o bien vamos trabajando en la medida de lo que ellos nos pidan. Y siempre se incorporan nuevos”, explicó.

En cuanto a la etapa de extracción de plantas a campo, la etapa más fuerte de ventas arranca cuando empiezan las primeras heladas, porque en ese momento se las pueden extraer y pasar a totora o maceta. “En invierno la planta estaciona la savia y es ahí donde podemos extraerla en panes de tierra o bien podemos llevarla a una maceta. Esto ocurre porque las plantas hibernan; entonces los clientes pueden llevárselas en totoras o en macetas y así poder venderlas a partir de la primavera, una época donde ya las plantas comienzan a trabajar y por ende no podemos sacarlas”, describió Kisling. Por supuesto, las plantas que se hacen en maceta bajo invernadero pueden moverse en cualquier momento.

¿Cómo se define qué se plantará al año siguiente teniendo especies tan diversas? “La realidad es que lo que es más fácil se hace más y ahí vamos viendo la demanda. Este año por ejemplo vendí mucho fresno que se hace injertado, y hasta me quedé corta porque me siguieron pidiendo. Pero hay veces en que la cosa sale mal, considerando que no tenemos mucha extensión de campo y por ende, hay que reutilizarla”, consideró la viverista.

“Pensemos que una producción a campo dura dos años, es decir plantamos y debemos esperar dos años para sacarlas. Hay que ir armando la cadena y en esto marca mucha tendencia el paisajismo. Por ejemplo, con respecto a ornamentales, se usa la hoja ancha pero si hablamos de árboles, sombra o especies para hacer cortinas y parar los vientos, esas especies se usan siempre y cuando quedan de clavo, como en todo negocio, se venderá a menor precio”, reflejó. (https://bichosdecampo.com)

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