“Frutos de la tierra y el río”: Cierra la edición anual con cortometrajes y feria

El viernes a las 20 horas se presentarán en la Biblioteca Popular Rafael Obligado, ocho cortos del sampedrino Julián Borrell. El realizador acompañó en los meses de setiembre y octubre a los productores en su cotidianeidad, para registrar el proceso detrás de lo que finalmente llega a la feria. Baradero, Santa Lucía, Bajo Tala y San Pedro son las principales locaciones, justamente donde se emplazan los emprendimientos. La jornada permitirá un encuentro diferente entre los productores y consumidores, poniendo en relevancia el trabajo que a veces se vuelve invisible. Se espera contar esa jornada con referentes de las instituciones que desde un inicio acompañaron la iniciativa.
El sábado se concretará la última feria del año, con toda la riqueza y diversidad que corresponde a la época. El encuentro será una vez más frente a la Plaza Constitución, por calle Hipólito Yrigoyen, comenzando a las 10 de la mañana y extendiéndose hasta las 18. Después de este encuentro habrá que esperar nuevamente hasta mediados de marzo, para un cronograma muy similar al de este año y que ya está definido. También, quienes estén interesados en adquirir productos de la feria en estos cuatro meses de receso, podrán contactarse directamente con los productores a través del catálogo actualizado de integrantes de la feria, o acercándose a las nuevas iniciativas que acercan de forma solidaria los productos de la feria en puestos fijos, como el caso del Vivero El Molino, en el Paraje Basso, camino a Vuelta de Obligado.
 
El proceso invisible
Aunque no conozcamos lo que moviliza el sentimiento de compartir el proceso productivo, las acciones que promueven el sostenimiento de la agricultura familiar como parte necesaria en una comunidad, revalorizan el eje de la visibilización. Frutos de la tierra y el río, nació como una muestra colectiva para poner en relevancia esa actividad que se lleva adelante desde rincones muy distintos de los partidos de San Pedro y Baradero, tanto en ámbitos rurales como urbanos. Desde el comienzo fue justamente la posibilidad de poner en contacto productores y consumidores. Y con la posibilidad del encuentro, también confluyeron acciones orientadas a las mejoras productivas y la comercialización.
Aún así, los tiempos, los ámbitos, las tareas y los involucrados, no siempre quedaron expuestos. En esa búsqueda se propuso la elaboración de estos micro-documentales que pretenden sintetizar en sus propias rutinas y espacios, la labor de quienes integran esta feria. “Despertate” grita Eliceo (con “C”) al camarógrafo, sin parar su movimiento que consiste en acomodar las remolachas y acelgas en un carrito para desplazarlas hacia el camión que espera para comenzar la distribución por la zona. “Me dieron para probar una de esas (balanzas) chinas, pero no hay como esta”, relata Juan mientras pesa sus conejos para ver cómo avanzan en el crecimiento.
Y así transcurren los relatos que comenzaron como una prueba para televisar con los hermanos Walter y Gabriel, y el trabajo para llegar a los plantines de árboles y arbustos que envían a todo el país. Cada relato cuenta una historia, pero también la historia de quienes llevan adelante esas tareas. La laboriosa extracción de la miel, en un horario donde las abejas no se muestren muy molestas. La cadena que va desde la esquila, el lavado, el hilado o fieltrado y el tejido. La producción de huerta en forma colectiva, como proyecto institucional pero también como desafío de crecimiento que visibiliza una paraje alejado. El proyecto familiar del preparado de un dulce, desde la elección de la fruta, hasta el etiquetado. Son algunas de las historias de Frutos de la tierra y el río, que se sintetizan en los primeros quince encuentros de una historia que ojalá recién comience.

fruto

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *