Eugenia Tobal y Arnaldo André se presentaron en San Pedro

Después del éxito de la novela “Valientes” Eugenia Tobal y Arnaldo André decidieron abocarse al teatro en un género totalmente distinto: la comedia. En el día de ayer se presentaron en la Sociedad Italiana con “Quedate a desayunar”, una obra que  muestra a dos personajes con estilos de vida opuestos.

“Tomás” (André), un hombre de mediana edad, prolijo, ordenado, metódico y pulcro, que vive solo en su departamento que lleva una vida tranquila, sin sobresaltos, rutinaria tal vez.

Quien parece “alterar” esta vida tan tranquila es la presencia de su hermana “Elenita”, que lo llama todo el tiempo para contarle sus problemas. El la escucha, paciente, y la aconseja casi como un padre. Ella es la pequeña excusa para no sentirse solo y justificar su monótona vida.

Con el correr de la trama, trasciende que Tomás estuvo casado y se divorció; no tuvo hijos, y hace veintipico de años que trabaja como empleado público, con asistencia perfecta.

De pronto, como una tromba, irrumpe “Lucía” (Tobal), una joven desconocida, embarazada de nueve meses. Es malhablada, impulsiva, desprejuiciada, gritona, agresiva y bastante descortés.

Las diferencias entre ambos son abismales. Son como el agua y el aceite, dos extraños con un solo punto en común: la soledad, aunque ninguno de los dos lo admita abiertamente. Ella por creerse una superada; él tal vez por miedo.

Pero el destino quiso que estos dos náufragos compartan un momento mágico: la sorpresiva llegada del bebé de Lucía. Lo que al principio parecía un encuentro azaroso y fugaz, se transforma en una elección de vida para ambos, en la que cada uno se animará a apostar al cambio y, por qué no, a la felicidad.

Arnaldo André compone un personaje creíble y querible, con matices y claroscuros. Es un actor con mucho oficio, de los que se adueñan de la escena ni bien aparecen. Con detalles que sólo adquiere un verdadero profesional. La contrafigura de Eugenia Tobal, en la piel de esta jovencita inquieta y rebelde, también resulta convincente, aunque no se observa un personaje demasiado elaborado, es por momentos la mismísima Eugenia quien está en escena.

Un valor agregado es el retorno de Rodolfo Bebán, ahora como director, que supo imprimir ritmo y dinamismo a la puesta, cuidando todos los detalles.

Una comedia liviana, amable y recomendable.

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