Columna de Opinion: “Recordando el nacimiento de Aníbal de Antón”

Ahí lo vemos. Inconfundible. Dando vueltas con su vieja bicicleta. Escalera al hombro y el viejo pucho negro en la comisura de los labios. Pintor de brocha gorda. Paredes lavadas por el tiempo. Descascaradas. Y su viejo pueblo, para que negarlo vencido por lo que se llama “progreso”. Conocemos y vemos las llagas. Están la vista. Aníbal De Antón produjo una bella poesía retratando con arte el mundo sampedrino.

Calles, barrios, personajes con sus personales forma de mirar la vida, vagos y tiernos protagonistas tragados por los andurriales. Los que rara vez aparecían por el “centro”. Nadie como él supo retratarlos, a ello, y al tiempo que los circundaba. Las Canaletas, Barrio de las Herrerías, el Puerto, el bolicherío colmado de almas en pena que quemaban sus incertidumbres con basto alcohol disfrazado de tinto.

Todos los rincones de su pueblo tuvieron cabida en sus cálidas pinceladas de artista. Felices misceláneas desfilaron en sus largas notas como “Fray Agudo” en las viejas páginas del Imparcial y de La Palabra, con la oruga del incontenible y borrascoso Arcuri.

Prosa y verso. Así, durante años. Profundo lector de los grandes clásicos. Así fue su formación. Víctor Hugo, Honorato de Balzac, Anatole France, Panait Istrati, don Quijote y tantos otros, como Baldomero Fernández, los hermanos González Tuñón, Carlos Mastronardi, quien supo prologar uno de sus libros. Tantos otros… y los grandes profetas libertarios. Bakunin, Kropotkin, Gori, Malatesta… Elías Castel Nuovo.

Si buscáramos una figura inspiradora un hermano mayor de pronto se nos aparecería un hombre de Palermo, de la calle Honduras, aquel que pintó a “La costurerita que dio el mal paso”. El de los arrabales porteños y casas quintas. Nos referimos Evaristo Carriego.

Como nadie, Aníbal pintó las calles, barrios y bajos de la ciudad que tenía tan adentro. Sin establecer juicio de valor alguno, decimos que nuestro poeta fue un por porteño que nació, se crió y vivió siempre en San Pedro. Desde la altura de su escalera y su mirada ora dulce como sus gorriones, ora acerada como la de un lince salieron sus joyas. “Del Barro a la Luna”, con prólogo de Carlos Mastronardi. “Gorriones de humo”, en mil novecientos cincuenta y siete, ilustrado por Fernando García Curten. “Alquilo Soledad”, en mil novecientos ochenta y cinco, ilustrado por Rafael de Armas y finalmente “Oda final a Carlitos” y “Aire de Fueye”. Espera “Ciudad con Ángel y Palomas”.

Poeta consustanciado con el pobrerío fue agasajado por hombres importantes de nuestra literatura. Ahí están, Germán Berdiales, Ernesto Sábato, Luis Alposta, Atahualpa Yupanqui, Pedro Barcia, de la Academia Argentina del Lunfardo, Suma Paz y tantos otros.

Entre otros, allá por los setenta, los sampedrinos le rendimos homenaje. Fue en la Biblioteca Rafael Obligado. Un lleno completo. Con Cacho Cristiano, Dellacha, López y Laserna entre otros. Esa noche también nos acompañó nuestro entrañable Leonardo Castillo y Fernando García Curten.

Su juglaresca tomó lo más sensible del alma del pueblo. Desde el yuyo simple. La planta enhiesta, el frente carcomido por el tiempo, el personaje funambulesco y el río. Fue entonces que escribió “Oda Al Paraná”, grabado en un mural que supo levantarse en La Quinta de Los Limones, propiedad de don Felipe Gómez.

Han pasado los años. Desde su altura Aníbal nos observa. Nos consta que vivencias de aquel pueblo que anidaron entre las líneas de sus poemas, que hicimos nuestras, ya no están. El paso irremediable de las viejas lechuzas se lo ha llevado todo.

No las supimos cuidar. Gente nueva y poderosa rige los destinos de la ciudad. Le pedimos disculpas al trovador. Al viejo juglar. El también corrió la suerte de los almafuertes con sus truenos. Los viejos paisajes se nos escapan entre los dedos. Sólo quedarán con el tiempo desvaídas xilografías y algunos libros con sus poemas impresos sobre páginas amarillas.

Cine. Cine de diez centavos semanales. Reencuentros con Tom Mix o Bufalo Bill los cowboys invencibles e inmortales.

Mil tiros de revolver.

De rifle.

Balazos de fusil.

Lucha a brazo partido.

Persecución.

De ella salía EL “MUCHACHO” limpito y bien peinado.

En adhesión a los tiros, se oían los chancletazos en la cancha de bochas del bodegón de al lado.

Nuestro humilde homenaje.

Centro Cultural San Pedro “Colectivo Aníbal De Antón”.

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