Columna de Opinión de Eduardo Campos: «Asco»

Terminó el mismo día en que se estableció el Escudo Nacional.

Terminó el mismo día en que se encargó la composición del himno Nacional.

Terminó el mismo día en que se mandó acuñar la moneda nacional.

Terminó el mismo día junto a la Inquisición y la tortura.

Terminó el mismo día en que se eliminaron los mayorazgos y los títulos de nobleza.

Estoy hablando del 31 de enero de 1813.

Estoy hablando de la Asamblea del Año XIII.

Ese día terminó la esclavitud en nuestro país.

198 años después parece que aún vive en San Pedro.

La justicia no la menciona porque, técnicamente, ésta ya no existe. Pero… como las brujas… Entonces la justicia utiliza un eufemismo: la denomina “Reducción a la servidumbre”.

Parece ser que ya no vienen de África. Vienen de más cerca.

Ya no hay goletas y bergantines trayéndolos. Ahora vienen en camiones o en destartalados colectivos.

Quienes los traen no les dicen cuánto les van a pagar.

Quienes los traen no les dicen que trabajarán de sol a sol.

Quienes los traen no les dicen que dormirán de a 18 por casilla.

Quienes los traen no les dicen que no tendrán luz ni agua.

Quienes los traen no les dicen que no tendrán dónde bañarse ni donde cagar.

Quienes los traen no les dicen que si quieren comer tendrán que comprar a ellos la comida y que ésta cuesta mucho más que a cualquiera que viva por aquí.

Quienes los traen no les dicen que esos mismos alimentos están vencidos.

Quienes los traen no les dicen que a esos alimentos el Estado los da y no los comercializa.

Quienes los traen no tienen parches en los ojos ni patas de palo. Andan en buenos autos y viven en buenas casas.

Tres, cuatro, cinco siglos atrás, mucha lacra andaba por los mares.

Piratas, bucaneros, filibusteros, corsarios, naves imperiales. Pero a todos había algo que los unía: el odio a los negreros. Cuando se divisaba una nave de este tipo inmediatamente era hundida por cualquiera que la encontrara. Se podía ser la última basura del mar, aún así hay límites que no se pasaban.

“Reducción a la servidumbre” se le llama ahora.

Qué sentirán los policías cuando detienen a una persona acusada de este delito.

Qué sentirán los hombres de la justicia cuando miran a alguien mientras le instruyen un sumario de este tipo.

Qué sentirán parientes y amigos cuando se enteran que alguien está involucrado en algo así.

No lo se.

Ojalá sientan lo mismo que yo.

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