A veinte años de la operación a Juana Luffi: la primera reasignación genital del país

Tras una larga historia de discriminación por su hermafroditismo, Juana Luffi logró en 1997 que la Justicia la autorizara a “cambiar de sexo”. La operó un equipo de La Plata que hoy es referente en este tipo de práctica

“Yo quería que alguien me solucionara: ser hombre o ser mujer… esa era la locura mía, y los doctores le pusieron mucha voluntad”, cuenta Juana Luffi desde La Consulta, un pueblo agrícola del oeste de Mendoza ubicado a pocos kilómetros del lugar donde nació. A sus 70 años, postrada por un accidente doméstico y acompañada sólo por una prima, Juana recuerda la cirugía que en 1997 la tuvo en el foco de las noticias con una mezcla de gratitud y frialdad: gratitud por los amigos y los médicos que la ayudaron a hacerla posible; frialdad por las expectativas que no llegó a cumplir. “¿Si cambió mi vida? No lo sé. Soy una persona grande y ahora me respetan más, eso sí –reconoce-. Pero no cambió. Ser mujer no fue una solución: nunca salí con nadie ni formé pareja, mi vida siguió igual”.

En un tiempo en que las cirugías de readecuación genital constituyen un derecho y se practican regularmente, la historia de Juana pone en evidencia hasta qué punto la situación (aunque no para ella) sí cambió en el país gracias a aquel puntapié inicial. Porque lo cierto es que si hace veinte años su operación constituyó un acontecimiento de interés nacional no fue sólo porque era la primera de su tipo que se practicaba en Argentina sino porque en aquel momento estaba además prohibida por ley.

Juana, que había nacido con un disformismo genital, fue la primera en lograr que la Justicia argentina le reconociera su derecho a someterse a una operación que entonces se llamaba de “cambio de sexo” y hoy se denomina “adecuación genital”. El hecho de que nunca antes se hubiera otorgado una autorización de ese tipo y que la cirugía fuera a practicarse en un hospital público la convirtió de la noche a la mañana en una noticia de interés nacional. Nadie imaginaba sin embargo que estaba por abrirse la puerta a una demanda social que desde entonces no ha cesado de crecer. (El Día)

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